....morse alien....

EL MORSE EN MARTE

 

El morse es tan nuestro como el aire que respiramos, al menos así pienso yo de quienes integramos la Asociación de Amigos del Telégrafo de España. Ya sabemos que la Edad de Oro de nuestros manipuladores y maniplex quedó atrás, pero también es verdad que cuando vemos por casualidad el trotecillo de una transmisión en una película, o en la tele, o lo oímos en la radio, se nos acelera el corazón sin poderlo evitar.

 

Se me antoja describir el morse como el pespunte que a muchos nos hilvana la mocedad con la avanzada madurez. Quiero decir con ello, que la cantinela del morse ha sido para muchos de nosotros un testigo fiel, y no precisamente mudo, del discurrir de la mayor parte de nuestras vidas.

 

Pero no es mi intención ponerme morriñoso, sino sacar a la luz para conocimiento público el hecho de que la NASA (si, la Agencia Norteamericana de Aeronáutica y del Espacio), sigue dándole un protagonismo muy especial al morse -a nuestro querido morse-, ¿y dónde?, pues nada menos que en Marte, en el tan traído y llevado planeta rojo.

Son ya 58 los satélites, sondas y demás artefactos, que diferentes países han lanzado a Marte desde 1960 a 2014 para desvelarnos sus más intrincados secretos. Verdad es que nuestro vecino planetario no está ahí al lado (entre 60 y 100 millones de kilómetros), y que sólo 25 de ellos han cumplido parcial o totalmente su misión. Gracias a esos pocos hemos sabido mucho, y hemos descubierto que mucho más nos queda por descubrir.

De momento estos escarceos desde el "planeta azul" al "planeta rojo", son tarea obligada para averiguar lo mejor posible adónde pretende llegar el ser humano en su próxima gran aventura espacial.

Oímos o leemos con cierta frecuencia, que los terrícolas vamos a colonizar en breve Marte. Eso quiere decir llegar hasta allí, y "plantar sus reales" (como se decía antaño). Dada mi experiencia en la NASA de tan "sólo" cuarenta años, pasando por las seis visitas tripuladas a la Luna por otras tantas naves norteamericanas Apollo, conozco de primera mano la inacabable lista de problemas y dificultades que habrá que vencer para acometer semejante odisea espacial. Una cosa es mandar un cachivache metálico y plástico (con apariencia de chatarrería andante, dicho sea de paso), del que no importa si tarda un año o varios en llegar a su destino, y otra muy diferente es que una flotilla de naves (porque tendrá que hacerse así), con carga humana de ambos sexos (porque tendrá que hacerse así), se embarque en un periplo de casi tres años, entre ida, estancia en Marte, y retorno al planeta madre Tierra.

¿Qué el hombre acabara consiguiéndolo, a pesar de los innumerables peligros que tendrá que soportar y vencer? ¡Por descontado! Pero desde luego no será mañana, ni al final de esta década, ni de la otra, ni... En fin, quizás mis nietos lo vean. Ya es un consuelo.JPL en morse en el Curiosity

¿Y dónde está el morse en esta historia, razón por la que estamos en esta página de la Asociación de Amigos del Telégrafo de España? Pues resulta que el último visitante inanimado que pulula por la superficie de Marte, el llamado Curiosity, ha sido diseñado para que sus ruedas metálicas, a la vez que arañan su superficie en sus desplazamientos, vaya dejando "en morse" la impronta de sus creadores, es decir el Laboratorio de Propulsión a Chorro o Jet Propulsión Laboratory - JPL, en las siglas inglesas.

El relieve obligado de las seis ruedas del Curiosity, para una mejor tracción, ha sido diseñado con unas rendijas o ventanitas, de dos dimensiones diferentes, que dejan una huella bien visible en el suelo marciano. Las rodadas imprimen una y otra vez un mensaje gráfico en lenguaje de puntos y rayas, que repite incesantemente las siglas JPL, es decir el laboratorio autor de la "criatura".

Me he permitido usufructuar las adjuRodadas del Curiosity en Martentas fotografías de la NASA, que nos ha estado enviando a la Tierra la atareada sonda desde el 6 de agosto de 2012, para que los lectores comprueben por sí mismos el sencillo sistema empleado. Ya sé que algunos colegas detectarán enseguida que las pautas o espacios entre los puntos y las rayas no son regulares ni homogéneos, lo que hace pensar que el diseñador del montaje del Laboratorio de Propulsión a Chorro, y quienes lo aprobaron, no conocen las pautas exactas que los telegrafistas cuidamos con toda precisión para diferenciar el punto de la raya.

De cualquier forma, no vamos a ser demasiado inquisitoriales con los chicos de la NASA, porque para nosotros la buena e inesperada noticia es la de que el código morse sigue estando vigente, y que no tiene fronteras ni en la Tierra, ni en el Sistema Solar.

 

José Manuel Grandela Durán

Oficial Radiotelegrafista de la Marina Mercante.

Ingeniero Controlador de Naves Espaciales de la NASA.

 

WA/RD