Conferencia pronunciada por la Vocal de Cultura de la Asociación Mª José Martínez Sánchez con motivo del VI Memorial Clara Campoamor "Día de la mujer telegrafista", celebrado en Madrid el 16 de febrero de 2012

VOCAL DE CULTURASr.Presidente, Sr. Secretario, miembros de la junta directiva, Sras y Srs. queridos amigos.

Un año más, reunidos en esta celebración tan entrañable dedicada a la mujer telegrafista, quisiera reflexionar con vosotros sobre la difícil integración de la mujer en la sociedad. Y veis que digo en la sociedad y no en el trabajo, porque la sociedad es una palabra que engloba trabajo, hogar, maternidad, política, ciencia, investigación... etc.

A nadie se le ocurriría hablar del hombre y su integración en la sociedad, a nadie. Y ¿por qué tendríamos que hacerlo de la mujer si los dos son iguales en capacidad, entendimiento, comprensión y resolución de problemas? Pues porque el hombre ha desarrollado desde siempre el papel de cabeza de familia que trabaja fuera de casa. Pero ya sabemos que la mujer tiene, además de todas esas capacidades que hemos señalado, la facultad de concebir, albergar y parir a los hijos, y esto presenta las consiguientes dificultades en el mundo laboral. Por suerte, hoy ya nos quedan muy lejos los años en que la mujer tuvo que luchar por el derecho a su educación, por el derecho al voto o por la autonomía económica, y eso es lo que hemos de agradecer a Clara Campoamor, a María Telo, y a cuantas nos precedieron en este camino de la integración de la mujer en la sociedad.

Y hablando de la función femenina por excelencia, la de parir a los hijos, hemos de saber, que la mujer lleva aneja una feminización cerebral que se produce antes de su nacimiento, al igual que en el hombre se produce la masculinización, a partir de los neurotransmisores y las hormonas correspondientes. Esto le confiere una diferente manera de estar en el mundo, de ver el mundo con ojos femeninos, manera tal vez destinada a conservar la prole que, ya parida, merece la pena proteger. Y digo esto porque la mujer, en general y salvo terribles excepciones, lleva grabado a fuego el ideal de la conservación de la especie, concretamente dentro de la familia, sea como sea esa familia, más o menos extensa, más o menos religiosa, o de otra cultura diferente a la nuestra.

Y serán pocas las mujeres que defiendan la guerra, por ejemplo, siendo así que si pudieran buscarían otra manera de solucionar los conflictos. Estoy convencida. En todo caso, una educación para la convivencia y la paz es algo que todos deseamos.

¿Tendríamos, por tanto, que dejar al margen de la vida pública, del gobierno de los estados, a las mujeres que, por su preparación y capacidad, pudieran trabajar en ello? Sería una locura enorme despreciar su conocimiento social del mundo y su peculiar punto de vista sobre tantas y tantas cuestiones que conforman la vida de hoy.

¿Cómo podríamos prescindir de la inteligencia, el buen sentido, y demás características femeninas que puedan aportar las mujeres en cada caso? Y ¿cómo podría prescindir el mundo de la función procreadora de la mujer? Tengamos en cuenta que son dos aspectos imposibles de separar en ella, al igual que en el hombre; primero, porque el mundo necesita ciudadanos que lo pueblen y por tanto necesita de la mujer, y segundo, porque aquí, y para resolver todos los problemas que padecen nuestras sociedades, no sobramos ninguno. Y lógicamente, no podemos consentir el desprecio que supone amputar a la mujer alguna de sus prerrogativas y capacidades para desarrollarse como ser humano completo y digno.

Hemos de educar juntos al hombre y a la mujer, en el convencimiento de que todos somos necesarios y que no se puede ignorar ni dejar a un lado el potencial de ninguno de ellos. Habrá que buscar, pues, soluciones imaginativas, nuevas iniciativas, adecuar reglamentos, añadir buena voluntad y trabajar bien los textos de las leyes laborales, difíciles, desde luego, para que puedan incluir a la mujer en el trabajo sin menoscabo de su actividad creadora; y esto de actividad creadora lo digo en todos los sentidos, en el plano físico y en el intelectual, para que así, juntos, podamos superar los retos que esta sociedad tan dura y competitiva tiene por delante.

Muchas gracias.