El telegrafista que se convirtió en el personaje literario más conocido y admirado por propios y extraños fue José Jackson Veyán. (Caricaturizado por Cilla (Madrid Cómico, 16 de marzo de 1884)
José Jackson nació en Cádiz el 6 de julio de 1852 y seguramente heredó de su padre, Eduardo Jackson Cortés, autor teatral de reconocida fama, su afición literaria. Terminados sus estudios de grado la familia de Jackson Veyán decidió que éste debía dedicarse a estudiar Farmacia, a lo que él no estaba dispuesto ya que quería seguir sus aficiones literarias, pero al mismo tiempo era consciente, por la propia experiencia de su padre, que la vida del “teatro” era dura y era necesario entre tanto le llegará la “fama”, el asegurarse unos ingresos periódicos ( lo que por otro lado era habitual en aquella época en autores teatrales o libretistas, que eran también funcionarios, periodistas, médicos...). Así nos lo cuenta él: “Se anunció una convocatoria para Telégrafos, y electrizada mi médula espinal con la perspectiva de seis mil realitos anuales, presenté mi solicitud, estudié como un animal, y el año 71 conseguí hacerme del Cuerpo, entrando como oficial segundo en el escalafón cerrado” (del libro “Autobiografías de autores festivos contemporáneos”).
José Jackson Veyán supero las pruebas de ingreso en el Cuerpo de Telégrafos e ingresó el 11 de agosto de 1871 siendo su primer destino Santander, e inmediatamente dio a conocer sus aficiones poéticas enviando sus poesías a la revista “El Telegrama” y, además, inaugurando una costumbre que mantuvo durante su larga vida telegráfica y que consistía en recitar al final de los banquetes, que ocasionalmente celebraban los compañeros, algunos versos suyos alusivos al acto, a los compañeros y a la actividad telegráfica.
Esta costumbre la inauguró muy pronto, en Mayo de 1873 cuando llegó a Santander el buque cablero “Dacia” que había llevado a ese puerto el cable submarino que enlazaba Bilbao con Londres, porque Bilbao estaba cercada por los carlistas y las comunicaciones hacia el interior no podían garantizarse. Los telegrafistas dieron un banquete a los operadores del barco cablero y Jackson remató el banquete con unos versos. A partir de entonces cualquier banquete de telegrafistas en el que participara se cerraba con sus versos que todos esperaban.
Cuando, en 1874, fue destinado a Madrid se dedicó de lleno a su actividad literaria escribiendo dramas y comedias cortas que intentaba editar y vender por su cuenta y, en colaboración con su padre, empezó a estrenar obras teatrales. En general eran obras cortas que él escribía a mucha velocidad. Lo dice en uno de sus versos:
De hojas de escala hice cuartillas
en que mis ripios comienzo di,
y allí escribía mis zarzuelillas...
¡A una por guardia, vine a salir!
Volvería posteriormente a Santander en 1876 para hacerse cargo del Semáforo sito en el lugar de Cueto.
Durante la Tercera Guerra Carlista, y por restablecer el servicio telegráfico que había sido cortado por los sublevados fue propuesto para una medalla al merito militar, sin embargo el expediente no fue aprobado
Una vez en Madrid, procurò siempre tener destinos ceracanos a la capital para así poder estar atento a los estrenos teatrales de sus obras, y así en los alrededores de Madrid y en distintas épocas estuvo destinado en Vicálvaro (aproximadamente entre 1876-1878), en El Pardo hacia 1881, en Alcalá de Henares, en Leganés ( 1882-1883), en Arganda del Rey, en Carabanchel Bajo y en Madrid Central, pero también estuvo destinado en otras oficinas como Pravia (Asturias) y Vilches (Jaén). Finalmente entre 1911 y 1914 fue Jefe de Telégrafos en Valladolid , para jubilarse como Inspector del Cuerpo de Telégrafos en Sevilla el 6 de julio de 1917 a los 65 años de edad, concediéndosele como recompensa a sus buenos y dilatados servicios los honores de Jefe Superior de la Administración ( Gaceta de Madrid de 5 de julio de 1917).
La Revista de Telégrafos anuncia, en 1876, la publicación de su primer libro de versos “Primeros acordes” y Jackson da las gracias a los compañeros por la acogida que le han dispensado al libro. La misma revista da cuenta del exitoso estreno de “El tesoro de los sueños - juguete cómico en un acto”, señalando que cuando el autor fue requerido a salir a recibir los aplausos no pudo hacerlo porque se hallaba de servicio en su Oficina telegráfica de Vicálvaro.
La frenética actividad de José Jackson le hacía acudir a todos los campos donde podían encajar sus versos. En 1879, por una poesía dedicada a celebrar la boda de Alfonso XII con María Cristina, le conceden la cruz de Isabel la Católica; al año siguiente obtiene un diploma de honor en los Juegos florales del Ferrol y en 1881, año en el que se celebra el segundo centenario de la muerte de Calderón de la Barca, obtiene “los tres primeros premios, por tres distintas composiciones, en los certámenes del Fomento de las Artes de Madrid, Universidad de Zaragoza e Instituto de León”.
Sus compañeros, los telegrafistas de Madrid, quieren felicitarle por tantos éxitos y reúnen firmas y recuerdos y los encuadernan en un ejemplar que le entregan en la Oficina de El Pardo, donde prestaba servicio en Diciembre de 1881.
Pero la fama de Jackson Veyán se acrecentó cuando empezó a escribir zarzuelas, piezas cómico-líricas, a las que pusieron música los mas afamados compositores de la época. En la década entre 1885 y 1895 era corriente que en varios teatros de Madrid se representaran diferentes obras suyas simultáneamente. Era tal su éxito que en la reseña de su persona que incluye el “Diccionario Enciclopédico Hispano-Americano” se dice que en la fecha de la publicación del Diccionario, 1892, se calculaba que Jackson “ha dado al teatro mas de 100 obras dramáticas y cómicas que hoy le
producen de 8 a 10.000 pesetas por trimestre” (cantidad exorbitante para la época, y mucho mas para un “Oficial segundo” que tenía un sueldo anual de 3.000 pesetas).
Para muchos de sus contemporáneos – telegrafistas y no telegrafistas - José Jackson fue un personaje asombroso, con una exuberante personalidad. Francos Rodríguez, que fue su colaborador en la zarzuela “Chispita o el barrio de Maravillas”, le dedica el siguiente párrafo en sus Memorias: “...no se sabe cual de dos destrezas suyas ha sido la mayor: si la de ganar dinero o la de gastarlo. Bien que el bueno de don José en otro país tendría premio de fecundidad en todos los órdenes, porque no hay modo de contar concisamente ni el número de sus hijos de carne y hueso, ni el de sus otros hijos, los que pasearon, pasean y pasearán por los escenarios españoles”.
Los compañeros, que colaboraban en la recién creada revista profesional “El Telegrafista español” le veían de esta
simpática manera, pero tampoco se olvidaban de la gran cantidad de dinero que amasaba y, con términos telegráficos, lo recordaban en el pie de la caricatura.
Todas cuantas comedias Jackson escribe, el público, seguido, se las recibe.
¡Por eso gana un dineral de perros a la semana!
Quizá las obras que le dieron mas fama fueron: “Chateaux Margaux”, con música de Fernández Caballero, estrenada en
1887 y a la que el autor debía tener especial cariño puesto que quiso que se repusiera para los telegrafistas en 1922, para celebrar la fiesta del 22 de Abril, y “La espada de honor”, con música de Guillermo Cereceda, estrenada en el Teatro del Príncipe Alfonso en 1892, que se mantuvo muchos meses en el cartel. Seguramente, por la importancia de los nombres de los músicos que avalan sus textos, se pueden mencionar también:
Con música de Federico Chueca:
“De Madrid a París”, estrenada en 1889,
“La caza del oso”, en 1891,
“Las zapatillas”, en 1895,
“Los arrastraos”, en 1899,
“El capote de paseo”, en 1901 y
“La borracha”, en 1904.
Con música de Ruperto Chapí:
“Los trabajadores”, estrenada en el Teatro Apolo el 10 de Enero de 1891 y dedicada por Jackson al Centro Instructivo del Obrero,
“El sí natural”, en 1897,
“El barquillero”, en 1900 y
“La chica del maestro”, en 1903.
Con música de Tomás Bretón:
“La cariñosa” estrenada el 15 de Diciembre de 1899 en el Teatro de la Zarzuela. Con música de Amadeo Vives:
“El dinero y el trabajo” , de 1905;
“La gatita blanca”
”El guante amarillo”, de 1906 y
“La fresa” , de 1910.
Pero Jackson no se limitaba a escribir comedias. El mismo “Diccionario Enciclopédico Hispano-Americano” antes citado, dice: “Es redactor fijo de la Ilustración Española y Americana, la Moda Elegante, revistas que se publican en la capital de España, El Madrid Cómico, El Cascabel, periódico satírico madrileño, y ha colaborado en El Imparcial y El Heraldo, diarios de la villa citada, y en casi todos los periódicos de Madrid y provincias. Es secretario del Círculo Artístico y Literario de Madrid, socio de mérito del Fomento de las Artes, y socio de número del Centro Instructivo del Obrero, asociaciones madrileñas; individuo de la Academia de Ciencias y Artes de Cádiz, de la Sociedad de Escritores y Artistas de la misma ciudad, etc.”.
Pero, además, José Jackson Veyán se casó dos veces y tuvo veintidós hijos. (*) Para los telegrafistas de la época fue un personaje querido y admirado y él siempre se mantuvo en “servicio activo”, aunque confesando que no se mataba trabajando. En una caricatura de la época aparecían unos versos al pie que decían;
Es este mozo galán
José Jackson Veyán.
Lo mismo enjareta un drama
que transmite un telegrama.
Hacia 1903 Jackson era el encargado de la Biblioteca de Telégrafos y, aunque dice que no leía los libros que había en ella, hacía gestiones ante la Dirección general para poder comprar los libros técnicos modernos para que pudieran estudiarlos los compañeros.
En 1895, en plena etapa triunfal, escribía para la revista El Telegrafista español:
Aunque tengo más de artista
que tengo de electricista
telegráfico-oficial,
me asomo a El Telegrafista
y saludo al personal.
Yo pertenezco al montón
y no asciendo en ese abismo
que se llama Escalafón
¡Soy un Jefe de estación
que morirá de lo mismo!
El martillo que dejé,
apenas recuerdo ya;
pero todavía sé
que punto y raya es la “a”,
y que una raya es la “t”.
Una curiosa circunstancia, que aumentó entre sus compañeros la popularidad de Jackson, fue
su coincidencia, en puestos contiguos en el Escalafón, con Eduardo Vincenti, otro telegrafista
famoso. Vincenti fue diputado en casi todas las legislaturas de los últimos veinte años y se
distinguió siempre por su apoyo a las reivindicaciones de los telegrafistas, tanto en lo referente
a las inversiones para mejorar la red como para mejorar los sueldos.
En 1905 Vincenti fue nombrado alcalde de Madrid, los telegrafistas le dieron un banquete
para celebrarlo y Jackson se encargó de los brindis con sus habituales versos, que remató con
el cuarteto:
Y aunque parezca egoísta,
solo un viva darte quiero:
¡Viva nuestro compañero...!
¡Vincenti, telegrafista!.
La mayoría de sus obras las escribió él solo, aunque, sobre todo a partir de 1900, también escribió en colaboración con otros autores, principalmente Carlos Arniches con el que le unió una gran amistad.
De la popularidad de sus obras puede dar fe el hecho de que varias de ellas fueran llevadas a la recientemente creada industria cinematográfica por alguno de los directores españoles más importantes de la época: Los Guapos (Segundo de Chomón 1910), Los Guapos (Manuel Noriega 1923), Los Granujas (Fernando Delgado 1924) y Los chicos de la escuela (Florián Rey 1925), son buena muestra de ello.
Su éxito fue menguando, hasta el punto que al llegar a la edad de su jubilación, en 1917, estaba arruinado. Los compañeros promovieron la edición de un libro que recogiera sus versos con temas telegráficos y, comprándolo, prestarle alguna ayuda.
El libro, titulado “Mi despedida” se publicó en Sevilla, su último destino como “Inspector regional”, por la Oficina
tipográfica de El Correo de Andalucía. El título se complementa con la dedicatoria “Colección de versos para mis
queridos compañeros de Telégrafos”.
En la portada figura el retrato del anciano Jackson y la poesía de despedida la titula, paradójicamente, “¡No me voy!”. en ella se recogen estos emocionados versos:
Yo, jubilarme no me jubilo:
Telegrafista siempre seré,
y en donde vea yo entrar un hilo,
detrás del hilo me enhebraré.
Si es que por viejo de aquí me arrojan
porque no sirvo para Inspector,
¡ahí va mi Título!... ¡Que lo recojan
y que me nombren repartidor!
Así del cargo correspondiente
la humilde gorra usar podré.
¡Rayos de Júpiter omnipotente;
llevaros quiero sobre mi frente!
¡Sagrado emblema que tanto amé!.
Aunque se jubiló de la actividad teatral antes que de la telegráfica, su fama seguía siendo grande,
como lo demuestra, por ejemplo, que en 1918, en el teatro Salón Pradera de Santander se celebrara
un homenaje al autor representándose su obras “Los granujas” y “Los chicos de la escuela”.
Durante toda su vida llevo a gala la pertenencia al Cuerpo de Telégrafos, participando anualmente,
los 22 de abril, en los banquetes conmemorativos de la creación del Cuerpo, donde se instituyó
como costumbre que los mismos terminaran con las famosas “quintillas” de Jackson. Los
telegrafistas seguían recordándole con orgullo y procuraban tenerle con ellos en todos los banquetes
y homenajes que celebraban en honor de todos aquellos vinculados con Telégrafos.
José Jackson Veyán murió en Madrid en1935, a falta de seis días para cumplir los 83 años de
edad. Sus obras, todas ligeras y desenfadadas, le sobreviven y mas de 130 títulos que abarcan 48
años de actividad literaria, de 1870 el primer título a 1918 el último, pueden consultarse por
Internet, en el Catálogo Reducido de la Biblioteca Nacional.
(*) Más detalles de su vida familiar y de su descendencia, pueden encontrarse en el blog
escrito por su biznieta María Rosa Rodríguez Jackson: http://josejacksonveyan.blogspot.com/
