Asociación de Amigos del Telégrafo de España

El capítulo 21, Poesías telegráficas, de la publicación Historias del telégrafo, de nuestro querido Sebastián Olivé, que se recoge en otro apartado de este sitio web, se introduce con el siguiente:

Propósito: Esta colección de poesías telegráficas, es decir sobre temas que tienen relación con cosas” telegráficas, escritas por telegrafistas o por “profanos”, pretende dos cosas: primero, reunir cuantas referencias conozcamos sobre la vida telegráfica...

y, también, provocar, a los posibles lectores que conozcan mas poesías sobre estos temas, la idea de hacerlas llegar a la Asociación para añadirlas a la colección.

 

Recogemos aquí la primera poesía del capítulo, muy divertida, de José Jackson Veyán (en la imagen), que se titula:

Declaración telegráfica.

Ayer como expedidora

en la oficina te vi

y, estando a cero, salí

a servirte sin demora.

En mi afán de cumplir bien,

porque soy un buen muchacho,

yo te registré el despacho

en menos de un santiamén.

Al mirarte, ebrio de amor,

tanto el corazón latía

que produjo una avería

en mi organismo interior.

Y tanto quedé transpuesto,

que al contar, me confundí,

y que tenía no vi

once palabras de texto.

La distracción fue indiscreta,

pues al mandar el servicio

se consumó el sacrificio

de soltar una peseta.

Mas la di de buena gana

por saber, prenda querida,

que vives en la Florida

y te llamas Sebastiana.

Sin la menor dilación

di cuerda, tinta al rodillo

y echando mano al martillo

empecé la transmisión.

Suspenso por el imán

de tu mirada elocuente

por llamar a San Vicente

llamaba a San Sebastián.

Mi distracción no te asombre;

es mi estado tan precario

que hasta en el parte diario

veo estampado tu nombre.

Y al fin el silencio he roto

por tener mi amor vehemente

mas tensión que la corriente

de mil pares de Minotto.

Tus ojos cuyos fulgores

el corazón me seducen,

son las pilas que producen

la electricidad de amores.

Tus manos son un hechizo;

son de algodón dos bedijas;

mejor dicho , dos clavijas

del conmutador suizo.

Te ruego, niña hechicera,

que al ver mi declaración

no pidas repetición,

ni vayas a darme espera.

Da invitación enseguida

pues el despacho presente

es un oficial urgente

del que depende mi vida.

Antes di franca por Dios

si algún quídam te hace el coco;

¡Mira que me gusta poco

estar a turno de dos!

¡Y ten por cierto y real

que si te muestras esquiva,

sentiré tu negativa

mas que un cruce general!

José Jackson Veyán 1871 (recién

ingresado).