....y en lo alto el Giraldillo....
NAVIDAD TELEGRAFICA EN SEVILLA 2013

La convocatoria formulada por el Delegado en Sevilla, Daniel González, reunió a setenta comensales; sin contar los siete ausentes que por
problemas varios desistieron asistir (ya se sabe a nuestras edades, los problemillas no faltan...). Esperemos la pronta recuperación de los kdos.
Se observa que todos los años se va incrementando el numero de comensales; así
mismo aumentan en las reuniones mensuales (Los jueves primeros de mes).
Durante la celebración, el compañerismo y la amistad fue el factor dominante impregnado del espíritu navideño.
Adjunto escrito del compañero Antonio José Cantos Lobato, que dirigió unas palabras al final de la comida.
COMIDA DE NAVIDAD
(Por Antonio José Cantos Lobato)
Queridos y queridas.
En primer lugar quiero tener un cariñoso recuerdo para aquellos telegrafistas, afines a nosotros o no, compañeros todos, que ya moran al lado del Padre después de haber entregado a San Pedro su mensaje de paz, compañeros que nos abandonaron, nuestros antecesores hace ya bastantes años y otros en fechas más recientes, en que han acudido a la corte celestial a enseñar el Morse y el sistema telegráfico a los ángeles del cielo.
Tenemos una nueva Navidad al alcance de la mano y nuevamente hemos confluido los compañeros jubilados con sus respectivas compañeras para celebrar la comida anual de estas fiestas.
Yo siempre he tenido muy claro que el telégrafo estaba constituido como una gran familia. Cuando yo tenía 14 años entré en las oficinas de Telégrafos de Sanlúcar para realizar un aprendizaje que duró dos años, y con 16 ya tenía una credencial para repartir telegramas en bicicleta. Mi mentor fue don Ramón Cantos, que me enseñó a manejar los aparatos telegráficos y a mostrarme el camino para conseguir una plaza y que me acogió como si de un hijo más se tratara, porque yo tenía la edad de sus dos hijos menores. Recibí todo el cariño y la atención que se le puede dar a cualquier hijo, de tal manera que yo considero a la familia de don Ramón mi segunda familia.
Y cuando llegué a Sevilla me sentí totalmente arropado por los compañeros que en la Sala de Aparatos del Palacio de Comunicaciones desempeñaban su labor, ayudándome a ubicarme en ella, demostrando una vez más ese sentimiento de unidad que existe en nuestra corporación. Creo que no hay más que mirar en derredor y comprobar que evidentemente es así, porque aquí nos encontramos telegrafistas de todas las edades y de todas las categorías, categorías que, por cierto, nunca se pusieron de manifiesto durante el tiempo profesional; no hacía falta, cada uno cumplía con su obligación y cada cual estaba en su sitio porque el respeto y el afecto funcionaba a partes iguales.
Cuando en noviembre de 2002 cuatro o cinco compañeros jubilados tuvieron la feliz idea de iniciar la convivencia de los mismos todos los primeros jueves de mes para no perder ese vínculo de unión que tuvieron durante toda su vida laboral, cosecharon un rotundo éxito porque las convivencias se han mantenido invariablemente durante estos once años y a ella acuden cada vez más compañeros y, lo que es mejor, alguno acompañado de sus respectivas parejas, telegrafistas o no, haciendo el encuentro mensual más diverso y ameno, si cabe.
Y como no quiero sustraerme al momento que estamos viviendo deseo recordar en este instante aquellos telegramas de texto navideño o de felicitación, que rompían la inercia que tenían los usuarios de que telegrama era igual a cosa mala; por eso cuando llegaban estas fiestas hogareñas acudíamos rápido a las casas para entregar los telegramas del aleluya del advenimiento, mientras en el Nacimiento bebían los peces en el río, los pajarillos cantaban saludando a María, mientras la Virgen terminaba de peinarse sus cabellos con peine de plata fina entre cortina y cortina y darle al Niño Dios el chocolate que el chocolatero le había preparado después de cogerlo del borriquillo que lo había cargado. Y también nos convertíamos en tamborileros anunciadores de las fiestas cuando acudíamos con nuestros telegramas de texto único, con nuestros mensajes de amor y alegría a todos los hogares.
Cuando me jubilé tuve la sensación que siempre había tenido: me marchaba de una gran familia, me sentía muy orgulloso de haber pertenecido a esta corporación. De ella tuvieron que marcharse a otros ministerios algunos compañeros que se vieron afectados por los cambios de personal, pero que una vez jubilados han vuelto a sus raíces telegráficas, a reencontrarse con aquellos compañeros que formaron parte de su vida durante muchos años, demostrando que esta entidad dejó también honda huella en ellos.
Me congratulo una vez más de poder compartir mesa con vosotros y espero que Dios me dé salud para poder seguir acompañándoos muchos años.
Compañeros muy queridos,
es motivo de alegría
disfrutar en compañía
de este momento sentido
deseándoos de verdad
una feliz Navidad
llena de deseos buenos
y un próximo año nuevo
pleno de prosperidad.
Que el año venidero nos colme a todos de felicidad.
Daniel
WM/JJ
