UN DIA LLENO DE ACTOS CULTURALES EN SEGOVIA

Carlos Arnanz Ruiz

Tal y como se había anunciado, la Asociación de Amigos del Telégrafo de España llevó a cabo el pasado 16 de mayo un encuentro en Segovia con distintas actividades que voy a intentar reflejar en reducida crónica.

Cumplo, así, con las reiteradas peticiones del inefable Manuel Bueno y también con la conveniencia de su constancia escrita para los anales de la Asociación.

El medio día fue la hora fijada para el encuentro en la Plaza Mayor segoviana y simplemente con vernos, abrazarnos y conversar hubiera sido suficiente para justificar la excursión, pero su denso contenido merece ser destacado para conocimientos de unos y recuerdo de otros.

Como la Catedral forma parte de esta Plaza Mayor y su visita era el primero de los actos programados, a ella nos desplazamos cuantos de Madrid, Salamanca, Asturias o Segovia, formábamos la expedición.

Entramos por la puerta principal, con una reducción en el precio de las entradas debida a la intervención del amigo de Jerónimo, María Luisa y mío, Sr. Frechel, Canciller del Obispado de Segovia, al que agradecemos el gesto. Y seguidamente nos fue explicado por el personal de la iglesia las particularidades de los tesoros conservados en las salas capitulares, museo, claustro...

En la Capilla Mayor visitamos el altar del Cristo de la Agonía, obra del portugués Manuel Pereira (Principios del siglo-1667). Se trata de una de las esculturas más importantes de la Historia del Arte. Está enmarcada en una excelente decoración cerámica de principios del siglo XX que, con un diseño de don Daniel Zuloaga, intervino de manera destacada el ceramista que luego fuera telegrafista Gregorio Arnanz Rodríguez. Para el que estas líneas escribe fue muy emocionante hablar de su padre in situ, por el enorme contenido emocional que ello implica.

Conviene subrayar las importantes diferencias de edad que median tanto entre mi padre y yo (50 años), como entre mi padre y el suyo (46), que nos remontan hasta fechas que pudieran chocar.

Gregorio Arnanz entró en la fábrica de loza “La Segoviana”, en la que se realizaron estas y otras obras, a los once años, en 1897 y allí permaneció diez años, hasta 1907. Después hizo las oposiciones al Cuerpo de Telégrafos, en el que ingresó como oficial 5º en 1910.

No es normal encontrar en España una obra de características parecidas en la que la intervención de un telegrafista fuera tan destacada. Se trata, sin duda, de un hecho insólito.

Concluida la visita a la Catedral nos desplazamos hasta un cercano bar de tapas el que el compañero de Segovia Cesar Sanz (Cesarito para los amigos) invitó a todos los presentes a un aperitivo que sirvió para conversar animadamente.

Después recorrimos a pie diversas calles del casco antiguo hasta el estacionamiento de autobuses donde se encontraba el que, desde el Palacio de Comunicaciones, había traído a los madrileños. La prohibición de pasar vehículos por debajo del Acueducto motivó el que tuviéramos que dar un rodeo para trasladarnos hasta el restaurante La Postal en Zamarramala, localidad sobradamente conocida por la fiesta de sus aguederas el 5 de febrero.

A las 15 horas comenzó la comida de hermandad a la que se incorporaron los compañeros de Segovia Antonio Díaz Güell, en fase de recuperación de una grave enfermedad y al que acompañaban su esposa Mari Carmen y Pepito Plaza que, junto con Cesarito, le han prestado importante apoyo a lo largo de este desagradable proceso. Con ellos el número de comensales pasó de la treintena.

A las 17 horas Manuel Bueno Secretario de Organización de la Asociación, dio comienzo a los Actos de esta V Jornada de los “Telegrafistas Artistas” en la que el Presidente de la Asociación de Amigos del Telégrafo Sebastian Olivé Roig impuso la insignia KDO a los siguientes compañeros, como rezaba el programa:

Carlos Arnanz Ruiz, autor de varios libros, poeta y articulista de periódicos y revistas

María Luisa López, escritora de fina sensibilidad

María Antonia Maroto, pintora y fotógrafa y

dado el especial interés por colaborar con la Asociación y la inestimable ayuda que de ordinario presta al representante de la misma en Segovia Jerónimo González, se le concedió también al compañero Cesar Sanz.

Seguidamente la compañera María José Martínez Sánchez, telegrafista escritora, pronunció unas breves palabras relacionadas con el poeta Machado y Segovia, personaje éste de su interés. Habló entre otras cosas de la posibilidad de que Gregorio Arnanz participara en las tertulias que tanto Zuloaga como el también ceramista Fernando Arranz celebraron en aquella Segovia de principios del siglo XX con poco más de 15.000 habitantes.

Pasadas las seis de la tarde y aprovechando las excelencias del día bajamos a pie por la carretera de Zamarramala disfrutando de las magnificas vistas de la ciudad. Hicimos un alto en la iglesia templaria de la Vera Cruz de la que, por haber investigado sobre ella, pude ofrecer unas breves observaciones desde el exterior ya que no pudimos entrar por estar ya cerrada.

Continuamos el camino hasta la Fuencisla y sus aledaños y disfrutando ahora de las espléndidas vistas del Alcazar. Como faltaban unos minutos para las 20 horas en que debería comenzar la visita al Santuario de la Fuencisla, unos optaron por descansar en los bancos de la alameda y otros por ver el sepulcro de San Juan de la Cruz en el inmediato monasterio de los carmelitas.

A la puerta ya de La Fuencisla y mientras esperábamos que terminara el rosario nos encontramos con Santiago-Bernabé González, autor de un libro de recientísima publicación sobre este santuario y la patrona de Segovia que nos explicó diversos datos muy interesantes y que dieron prueba de su excelente memoria.

Manuel Bueno le agradeció públicamente la información y no quisiera pasar por alto la circunstancia de que a él le debo unos datos del mayor interés relacionados con el ceramista Gregorio Arnanz; datos que se han perdido como consecuencia de los derrumbes producidos recientemente y que destruyeron un edificio anexo al santuario donde estaban los archivos, pero que él conservaba en su ordenador.

Ya dentro del santuario y al pie de la virgen de la Fuencisla la profesora doña María del Carmen Hernández San Frutos explicó las características esenciales del santuario y las restauraciones que últimamente se han venido realizando. Seguidamente pasamos a la antigua sacristía decorada con cerámicas hechas en “La Nueva Segoviana” y que he podido documentar bajo la dirección del en esos momentos ya telegrafista Gregorio Arnanz.

Los motivos que decoran las paredes de esta sala de 5,67 metros de largo, 4,47 metros de ancho y 3,27 de alto, son vistas de Segovia con el Alcazar la Catedral y el Acueducto en azul cobalto. Dos frisos: uno junto al suelo y otro en la parte superior que dista 96 centímetros del techo, enmarcan la obra a base de roleos de hojas, flores, caras, frutas…con predominio de tonalidades azules, verdes, moradas y rojas.

Una cartela dice: “Dedicado a la Santísima Virgen de la Fuencisla por doña Obdulia Vargas Fernández, a la memoria de su padre D. Marcos Vargas Mayorga” no pone fecha pero tuvo que ver con la Coronación Canónica de la Virgen de la Fuencisla que se celebró el 24 de septiembre de 1916.

Importantes obras de arte, como el Ribera, eliminado de lo alto para contemplarlo a nivel de suelo, el contenido de la “nueva sacristía”, el pequeño museo, el camarín, etc. aun nos entretuvieron algún tiempo hasta que un sol crepuscular pero todavía intenso, iluminó espectacularmente el Alcázar para darnos la despedida.

Mayo de 2009