Arantave y Bellido, Enrique (Granada, 1833–1882).
Telegrafista del Estado, organizador del servicio en Cuba. Era «profesor normal superior y elemental de instrucción pública», trabajaba como «escribiente conservador» de la Escuela de Arquitectura de Madrid, y se había presentado sin éxito a los primeros exámenes de subdirectores del Cuerpo, cuando en 1857 obtuvo plaza de jefe de estación de primera en una convocatoria especial.
Dos años después y tras nuevo examen, consiguió ascender a subdirector de segunda, siendo enseguida reclamado por el gobernador-capitán general de Cuba, Francisco Serrano, para que estudiara la ampliación de la red telegráfica, que desde 1853 se había ido formando a base de pequeños tramos aislados y contaba con sólo diecinueve estaciones.
Desembarcado a finales de noviembre de 1859 en la isla, dos meses después presentaba una memoria con sus propuestas, que incluían el desarrollo en torno a una línea central Habana-Puerto Príncipe (hoy Camagüey)-Santiago, la adopción del Morse, y medidas para la formación y organización del personal. Nombrado inmediatamente para la jefatura de los telégrafos, la ejerció durante casi cinco años, acompañando además en 1861 a Serrano con otros funcionarios en su viaje de unas semanas a Santo Domingo para preparar la organización administrativa de este país recién retornado a la soberanía española.
Tras menos de un año en Madrid, volvió en el verano de 1866 a su anterior responsabilidad en Cuba, que conservaría hasta su muerte.
En 1867 supervisó la instalación por el concesionario estadounidense del cable submarino a la Florida.
Desde setiembre de 1869 desempeñó durante un año una comisión especial en Madrid en el Ministerio de Ultramar, asesorando sobre cables submarinos y organización del telégrafo en Cuba, Puerto Rico y Filipinas.
Su vuelta a Cuba estuvo marcada por la larga guerra iniciada en 1868, que le llevó a participar en gran número de acciones militares, proporcionando telegrafía de campaña y reconstruyendo las líneas civiles destruidas. Nombrado por ello a mediados de 1876 «benemérito de la patria», fue también entonces comisionado de la isla en la Exposición Universal de Filadelfia. En 1881, encontrándose con licencia en la Península, Ultramar le envió a la Exposición Internacional de Electricidad de París.
Además de diversos artículos en las revistas del Cuerpo, dejó una Carta Telegráfica de la Isla de Cuba (La Habana, 1871), y creó en esta ciudad una Revista General de Comunicaciones.
