Asociación de Amigos del Telégrafo de España

Aunque nacido en Alcántara (Cáceres) en 1820, descendiente de un militar napolitano establecido en su pueblo natal en el siglo XVII, dedicó su vida al servicio de Asturias, desde todos aquellos cargos para los que fue elegido, alcalde de Gijón, Diputado en Cortes, Inspector General de Telégrafos y Director General provisional de dicho Cuerpo.

En 1840 empezó a trabajar como meritorio en el Ministerio de la Gobernación, donde no conseguiría un puesto remunerado hasta ocho años después.

En 1850 era abogado del Colegio de Madrid y fue designado alcalde-corregidor de Gijón, cargo en el que, no obstante haber permanecido sólo nueve meses, contribuyó a la realización de diversas mejoras para la ciudad.

A pesar de la brevedad del mandato municipal que encabezó, Andrés de Capua dejó una seña imborrable en la fisonomía y en la memoria popular de Gijon.

Durante el tiempo que ostentó el bastón municipal, entre junio de 1850 y finales de marzo de 1851, elaboro el proyecto de ensanche de la ciudad que configuraría su crecimiento posterior y ganó para la ciudad las huertas y los terrenos sin edificar que se extendían a lo largo del actual barrio de La Arena.

A la izquierda aparece el documento en el que se anuncia la toma de posesión de Andrés de Capua como Alcalde Corregidor de Gijón (hasta que por Real Orden de 5 de Marzo de 1851 se suprimió la Alcaldía Corregimiento de Gijón y se le declaró cesante).

Volvió enseguida al Ministerio como auxiliar y en esta condición debió conocerle Mathé, que consiguió fuera nombrado en enero de 1852 comandante de 1ª clase de la telegrafía óptica y encargado del negociado de Telégrafos, y a los pocos meses le eligió para que le acompañara en su viaje por varios países europeos para estudiar la situación de la telegrafía eléctrica. De vuelta, recomendó su ascenso a inspector, que se produjo al ser designado en febrero de 1853 cabeza de un grupo responsable de la construcción de la primera línea eléctrica, de Madrid a Irún.

Colaboró con Mathé en el Informe que sirvió para que el Gobierno propusiera y el Parlamento aprobara la Ley de 22 de Abril de 1855, que supuso la implantación de dicha red, participó activamente en la creación y organización del Cuerpo de Telégrafos, que durante 150 años se encargó del servicio telegráfico.

André de Capua y Lanza en agosto de 1856 y como inspector del personal, integró con el del material y el del servicio la cúpula del nuevo Cuerpo Eléctrico, y en 1857 representó a España en Turín, sustituyendo a Mathé, en la conferencia de la Unión Telegráfica de la Europa Occidental. En 1863 y 1864 fue elegido diputado por el distrito de Gijón, compatibilizando el escaño con su cargo en Telégrafos y defendiendo en ocasiones los intereses del Cuerpo y la política de la Dirección General.

Tras la defenestración en agosto de 1864 de Mathé por Cánovas, y el casi inmediato relevo de éste en Gobernación por González Brabo, Capua se mantuvo todavía unos meses en su puesto con los directores generales Tomás Rodríguez Rubí y Salustiano Sanz, pero, tras una larga licencia por enfermedad, en noviembre de 1865 le fue aceptada su dimisión, coincidiendo con el nombramiento por el ministro Posada Herrera del director general Román Goicoerrotea, que protagonizaría diversos episodios de corrupción.

Capua volvió a salir diputado en 1865 por Oviedo, y en 1876 por Gijón. Entre 1880 y 1884 sirvió en Filipinas, primero como administrador central de impuestos y después como inspector general de comunicaciones.

La calle que lleva su nombre, una de las más características del centro, es el punto de donde arrancó esa expansión urbana.

En 1877 se consiguió, a través de sus gestiones, que los terrenos de las fortificaciones y su explanada fueran restituidos a la ciudad por el Gobierno. Parte de los terrenos fueron dedicados a paseos y parte, previa autorización, vendidos en forma de solares. Y con su importe se dotó a Gijón de aguas y se llevaron a cabo otras mejoras, quedando aún algunos terrenos disponibles.

Pero, además, el nombre de Andrés de Capua y Lanza está vinculado a otro de los hitos más memorables del paisaje urbano gijonés, ya que promovió la aprobación de una Ley por la que se dispuso, en Julio de 1865, la erección de una estatua de bronce a Gaspar Melchor de Jovellanos, que actualmente ocupa la plaza del Seis de Agosto, frente al edificio de Correos y Telégrafos.

El espíritu jovellanista también estuvo muy presente cuando, durante su desempeño como diputado en Cortes, consiguió que el Real Instituto Asturiano se denominase en lo sucesivo de Jovellanos y que se establecieran en él las enseñanzas que mejor correspondiesen a la realización del pensamiento del fundador, Ley que posteriormente fue olvidada por completo.

Más adelante fue nombrado Inspector General del Cuerpo de Telégrafos, llegando a ocupar, con posterioridad y de forma provisional, la Dirección General de dicho Cuerpo.

Falleció en 1884. En su necrológica la Revista de Telégrafos afirmó que, «secundando activamente los proyectos de D. José María Mathé», había sido «el verdadero organizador del Cuerpo».

El retrato que figura al principio de esta breve semblanza, y que lo inmortaliza en la galería municipal de ilustres de Gijón, fue pintado ya a principios del siglo XX por uno de los mejores pintores que la ciudad ha dado a la historia del arte, el soberbio paisajista (especializado en marinas como las que forman parte de la pinacoteca municipal) Juan Martínez Abades (Gijón 1862-Madrid 1920), que, sin embargo, no desdeñó el retrato, siendo autor, además del de Andrés de Capua, de uno magnífico de Leopoldo Alas (Clarín)