Asociación de Amigos del Telégrafo de España

Antonino Suarez Saavedra nació en Taganana (Tenerife) el 6 de abril de 1838. Educado por un tío suyo, cura en esa localidad, y protegido por otro, hermano de su padre, Gregorio Suárez y Morales, que fue Jefe del Negociado de Telégrafos en el Ministerio de la Gobernación y después diputado de las Cortes Constituyentes del bienio progresista (1854-56), se empleó primero, a los dieciséis años, como cajero de la Tesorería de Hacienda en Santa Cruz de Tenerife y después se trasladó a Madrid, donde ingresó en la escala subalterna facultativa del Cuerpo de Telégrafos el 5 de febrero de 1856, un año después de la entrada en servicio de la primera línea telegráfica eléctrica del Estado, entre Madrid y la frontera de Irún.

Pidió el traslado fuera de Madrid, siendo destinado a la estación telegráfica de Calatayud el 3 de marzo de 1857. Suárez sólo estuvo unos meses en Calatayud, y enseguida fue destinado a Zaragoza, donde ralizó unas pruebas fallidas de telegrafía sin hilos en Zaragoza (¿1857?), que podrían ser las primeras experiencias de radio en España.

En 1861 Antonino Suárez Saavedra, siendo todavía ”subalterno facultativo”, proponía un modelo de conmutador ómnibus. El “conmutador ómnibus” era un complicado conmutador circular que pretendía realizar varios cambios simultáneos en la utilización de líneas y aparatos. Estaba pensado para una estación concreta, donde había determinado número de líneas y aparatos y podían darse un número concreto de situaciones que el conmutador permitía resolver. La aportación de Suárez Saavedra mereció una lámina en la "Revista de Telégrafos", pero no parece que se utilizara nunca.

El mismo año de 1861, envió la propuesta de un “transmisor autómata”, que le permitía dar automáticamente “esperas” a la estación colateral cuando le llamaban, y el encargado estaba ocupado en otro trabajo. El transmisor “autómata” utilizaba el mismo sistema que -ochenta años después - los teleimpresores mecánicos empleaban para dar la “respuesta automática”. Consistía en un cilindro forrado de material aislante -marfil - sobre el que había dispuesto láminas metálicas, todas ellas conectadas a una pila, dispuestas de manera que, al dar vueltas el rodillo movido por un aparato de relojería y resbalar sobre las láminas una “escobilla” metálica unida a la línea, se enviaba el signo que las dimensiones y disposición de las láminas tuvieran preparado. Reglamentariamente para dar “esperas” debía darse la combinación de espera (punto raya tres puntos), la identificación de la Oficina. Suárez Saavedra estaba en Zaragoza - su identificación era una zeta (dos rayas dos puntos) y el tiempo de espera, en el ejemplo 5 minutos (cinco puntos y dos rayas). El sistema no era original, se basaba en la misma idea de las cajitas de música, y el propio Morse había probado un sistema automático de transmisión semejante en sus primeros ensayos, pero la aportación de Suárez Saavedra indicaba que su curiosidad le había conducido a una solución parecida a la de Morse o que conocía sus ensayos y encontraba una ocasión oportuna para aplicarlos.

Su primer libro (1862), "Guía del subalterno facultativo de Telégrafos del Estado", no lo pudo publicar por falta de recursos económicos, al no recibir la protección oficial que solicitó. Su primer encuentro con Barcelona tuvo lugar en 1862, cuando fue destinado a inaugurar la estación telegráfica de Mataró (1 de enero de 1863).

Le sorprendió una terrible epidemia de cólera siendo responsable de la estación de Alcañiz en el verano de 1865, motivando su comportamiento durante esos días difíciles que se le dieran oficialmente las gracias.

El 9 de enero de 1867 comenzó para Suárez un periodo de seis años de estabilidad profesional, como Jefe de Servicio de Telégrafos en Zaragoza. Lo aprovechó para realizar en la Universidad la mayor parte de los estudios de la licenciatura de Ciencias Exactas, desarrollar un telégrafo de cuadrante de su invención, que presentó a la Exposición Aragonesa (1868), publicar un folleto titulado "Apuntes sobre la cuestión religiosa" y, sobre todo, escribir y publicar un "Tratado de telegrafía" (1870).

El "Tratado de telegrafía y nociones suficientes de la posta", publicado en dos tomos, uno de texto de 597 páginas en 4º y otro de figuras en láminas, fue el primer libro ¬moderno¬ de telegrafía escrito en castellano y tuvo pocos precedentes extranjeros de parecida envergadura. Su adquisición fue recomendada oficialmente por Telégrafos y de él se agotaron tres tiradas.

El 30 de diciembre de 1872 se presentó Suárez en el Centro telegráfico de Barcelona, su nuevo destino, iniciando así una larga y fecunda estancia de más de veinte años. Allí terminó sus estudios universitarios, obteniendo el grado de Licenciado en Ciencias, sección de Exactas, y el de Doctor a lo largo de 1873.

En 1876 escribió una biografía del Dr. Salvà, en que por primera vez aparecía en toda su extensión la obra del pionero telegráfico barcelonés, consiguió que la Academia de Ciencias de Barcelona editara sus Memorias sobre telegrafía, que permanecían inéditas, y logró que biografía y Memorias fueran enviadas por el Gobierno a una exposición celebrada en Londres, la Special Loan Collection Exhibition.

Entre 1876 y 1881 dirigió obras de infraestructura telegráfica. Destacan, por la novedad técnica que suponían, la instalación de cable colgado en los túneles del ferrocarril y la sustitución de líneas aéreas por subterráneas en la ciudad de Barcelona (1877-80), preconizada por el propio Suárez. A finales de 1877 asistió a alguna de las pruebas realizadas con el teléfono de Bell en la Escuela Industrial y participó en la primera experiencia de larga distancia, utilizando los circuitos telegráficos de la línea militar que unía Montjuïc con la Ciudadela, pasando por la Capitanía General y otras dependencias.

En 1880 y 1882, respectivamente, publicó en Barcelona "Historia universal de la telegrafía" y "Estudio de la electricidad, del magnetismo y del electromagnetismo", dos tomos de un nuevo "Tratado de Telegrafía". Suárez proyectaba otros tres para completarlo, pero tuvo que desistir, una vez más por razones económicas.

Suárez, que hasta entonces había publicado artículos técnicos y profesionales solamente en la "Revista de Telégrafos" de Madrid, inició en 1884 una sección propia llamada “Revista de la electricidad y de sus aplicaciones” en la recién nacida revista semanal de Barcelona "Industria e Invenciones". La sección, que incluía noticias nacionales y extranjeras sobre nuevos inventos y aplicaciones, y opiniones y comentarios del autor, se mantuvo hasta 1888.

Fué un reconocido partidario de que el servicio telefónico fuera establecido y explotado por el Estado.

No obstante su escepticismo sobre el interés científico de estos certámenes, cuando se reparó la Exposición Universal de Barcelona, finalmente celebrada en 1888, pudo más su pragmatismo y participó decididamente. Presentó teléfonos, un sistema telegráfico dúplex de su invención y los dos tomos de su Tratado, obteniendo medalla de plata, y sobre todo, escribió “La electricidad en la Exposición Universal de Barcelona”, una completa descripción de todo lo presentado en este campo en la feria, que publicó por entregas en 1888-89 en la "Revista de Telégrafos", "La Electricidad" e "Industria e Invenciones" y en 1889 en su propia revista "Anales de la Electricidad", además de en forma de libro en Barcelona (1888).

En 1887 su preocupación por el estado del Cuerpo de Telégrafos, que ya en 1883 había escrito como “un ejército fatigado y trabajado que marcha por áridas y asoladas llanuras, dejando tras sí una estela de desertores y rezagados”, le llevó a proponer en la semi-oficial Revista de Telégrafos la celebración de una fiesta anual de confraternización de los telegrafistas españoles. La idea fue acogida con entusiasmo por muchos de ellos y autorizada por la superioridad, que estableció la fecha del 22 de abril, aniversario de la creación del Cuerpo. La primera conmemoración tuvo lugar en 1888 en Barcelona, pero no en Madrid. En años sucesivos la fiesta se fue generalizando y contribuyó grandemente a la popularidad de Suárez entre sus compañeros.

En 1889-90 publicó en Barcelona su propia revista, "Anales de la Electricidad", con periodicidad quincenal. Aunque firmó en ella muchos artículos, seguramente fue autor, como era habitual en estos casos, de bastantes otros y, en cualquier caso, determinó completamente la orientación de la publicación, dedicada a todas las aplicaciones de la electricidad, incluida la telegrafía. Desde sus páginas sostuvo una polémica con los Ingenieros Industriales de Barcelona, motivada por la creación de la Escuela de Ingenieros Electricistas de Ultramar, a la que éstos se opusieron corporativamente.

El 28 de octubre de 1890 Suárez fue promovido a Director de 1ª clase de Telégrafos y tuvo que buscar una vacante de su nueva categoría, que en Barcelona no debía existir.

Eligió como destino su tierra natal, Canarias. No llegó a ponerse en viaje, pues su traslado se dejó sin efecto el 17 de febrero. Dos meses después fue uno de los cuatro comisionados especiales nombrados por Telégrafos para inspeccionar las nuevas construcciones de líneas y estaciones telegráficas y telefónicas, adjudicadas mediante subasta. A él le correspondió el cuadrante Nordeste de la Península y, manteniendo su residencia en Barcelona, viajó incesantemente por su zona, comprobando la sistemática realización deficiente de los trabajos, por lo que llegó incluso a negarse a recibir en 1892 la nueva línea telegráfica de Madrid a Barcelona, no se sabe con qué consecuencias.

Siguió escribiendo en la "Revista de Telégrafos" hasta su desaparición a finales de 1892, y también lo hizo en los nuevos periódicos profesionales de Madrid, como "El Telegrafista Español" (aparecido en 1889), "El Telégrafo Español" (1891-92) y, posteriormente "Electrón" (aparecido en 1896). (*)

En 1893 fue destinado a mandar la Sección de Telégrafos de Bilbao y en 1896, al ascender a Jefe de Centro, se le encargó del de San Sebastián. En 1894, 1895 y 1897 la superioridad, que debía estar entonces particularmente sensibilizada, pues Suárez en sus críticas nunca había tenido pelos en la lengua, le hizo objeto de tres expedientes, con resultado de ¬amonestación severa¬ en los dos primeros. El de 1894 fue motivado por un artículo, ¬El cable de Tenerife a Cádiz¬, que escribió en el Diario de Tenerife de 13 de enero.

Suárez murió en San Sebastián el 28 de febrero de 1900, tras una corta enfermedad. Era Comendador de la Orden de Isabel la Católica y Socio corresponsal de las Sociedades Económicas de San Cristóbal de la Laguna y Santa Cruz de Tenerife.

Antonino Suárez Saavedra fue uno de los más destacados profesionales de la telegrafía eléctrica española del siglo XIX, a la que se dedicó como funcionario del Estado, prácticamente desde sus comienzos en la década de los años 1850. Suárez fue también uno de los técnicos pioneros de las nuevas aplicaciones de la electricidad que sucesivamente se desarrollaron y generaron un incipiente sector, especialmente en Cataluña, en telefonía, alumbrado y transmisión de energía a distancia.

Escritor prolífico, no carente de brillantez, sus libros y artículos sobre asuntos técnicos y profesionales tienen casi siempre una considerable carga de opinión e ideología que los hacen muy estimables para conocer el lado humano de nuestra ingeniería eléctrica de entonces. Sólo la escasez de estudios sobre la historia de las telecomunicaciones españolas puede explicar que hoy Suárez sea poco menos que desconocido.

(Párrafos biográficos extraidos de la publicación:

QUADERNS D'HISTÒRIA DE L'ENGINYERIA VOLUM V 2002-2003

ANTONINO SUÁREZ SAAVEDRA (1838-1900),

TELEGRAFISTA, INGENIERO ELÉCTRICO Y DIVULGADOR

cuyo autor es Jesús Sánchez Miñana, Catedrático de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Telecomunicación de la UPM y escritor reconocido sobre temas de la historia de la telecomunicación en España)