Ravina y Castro, Juan (Santa Cruz de Tenerife, 1831 – La Laguna, Tenerife, 1905).
Telegrafista del Estado, escritor y periodista científico, impulsor de la llegada de la telegrafía a su tierra natal. Hizo la carrera de piloto, probablemente en la Escuela de Náutica de Tenerife, e ingresó después en la de Estado Mayor del Ejército (1854), abandonando los estudios en 1856, por –en sus palabras– «causas solamente de familia», para intentar entrar en el recién organizado cuerpo de la telegrafía eléctrica, lo que consiguió como subdirector de segunda en 1858.
Salvo unos meses iniciales, los primeros veinticinco años estuvo destinado en Madrid, donde tuvo diversas responsabilidades en el aparato gestor de Telégrafos y fue comisionado, entre otras cosas, para asistir a la exposición universal de Londres de 1862, estudiar en 1871 con representantes de Marina y Ultramar el establecimiento de semáforos en las costas, organizar la participación de Telégrafos en la Exposición Nacional de Madrid de 1873, y representar a España en el congreso internacional celebrado en París en 1882 para proponer legislación sobre protección de los cables submarinos.
Además, en 1861 fue encargado, a los pocos meses de su creación, de la dirección de la Revista de Telégrafos, que en 1865 pasó a ser de su propiedad, logrando su continuidad quincenal hasta finales de 1874, y sosteniendo así «ante la prensa extranjera el honor científico del Cuerpo de Telégrafos español», en frase de su colega Suárez Saavedra.
En estos años viajó también varias veces a Canarias, algunas con encargos oficiales relativos al siempre demorado enlace con la Península, hasta que en 1883 fue, por fin, comisionado para supervisar la fabricación y tendido del cable por una empresa inglesa, publicando lo hecho en una Memoria (con Antonio Agustín, Madrid, 1886).
Primer jefe del centro de Santa Cruz de Tenerife, ya no abandonaría las islas salvo por un corto destino en Zaragoza en 1892.
Aquejado, al parecer, desde su juventud de alguna dolencia crónica, se jubiló anticipadamente como inspector en 1895.
Diversos datos indican que su actividad en pro de los intereses canarios no se limitó a los compromisos oficiales, iniciados en la temprana fecha de 1860 con un viaje para estudiar una futura red telegráfica de las Islas, sino que también se extendió a la esfera privada.
Como ejemplo, su intervención en 1880 en la Sociedad Económica Matritense, sobre la riqueza pesquera de las costas de Santa Cruz de Mar Pequeña y la necesidad de colonizarla.
