Febrero 2007 – Exposición de Pintura – Emilia Rodríguez y Paquita Barrau
Durante los días 19 al 25 de febrero permaneció abierta al público en el vestíbulo principal de la Escuela Oficial, la Exposición de Pintura de nuestras compañeras Emilia Rodríguez y Paquita Barrau que contó con una gran afluencia de visitantes, muy interesados en la obra de las dos artistas.
Quién es quién…
Emilia Rodríguez Gómez (Socia núm. 232)
Nació el día 1 de Enero de 1918 en Astorga, aunque su familia proviene de Santander.
Tuvo una infancia feliz y pronto demostró afición al dibujo y a la pintura. A los diez o doce años se encaprichó de una pintura que representaba la cabeza de una anciana y la copió, enterándose más tarde que la anciana era la madre de Alberto Durero.
Se estableció en Madrid con su familia a finales del año 1939 y preparó las oposiciones de Auxiliar de Telégrafos, aprobando las celebradas en 1942, con un buen número, y tomó posesión en 1943.
Destinada inicialmente en el Centro Regional de Telégrafos de Madrid, desarrollaría toda su vida profesional en la capital. Estuvo en la Sala de Aparatos, pasando, al poco tiempo, a las oficinas del Centro y, posteriormente, a las de la Dirección General. Los últimos 27 años de su carrera los pasó en la Subdirección General de Obras e Instalaciones.
Una vez jubilada, pudo dedicar su tiempo a su gran afición, la pintura, saliendo, muy a menudo, con su caballete a buscar paisajes interesantes que plasmar en los lienzos. Hacía, en cambio, pocos retratos, aunque está contenta con el que hizo de Pío XII (Emilia aclara, con humor, que el Papa no posó para ella).
En el curso de sus viajes por Europa Oriental, descubrió la pintura bizantina, por lo que, ayudada con algún curso de perfeccionamiento, se dedicó a pintar iconos, de los que tiene una pequeña colección.
María Francisca Barrau Atienzar (Socia núm. 75)
Paquita Barrau nació en Murcia en 1933. Su padre –telegrafista– fue trasladado a Madrid en 1944 y la familia se vino con él.
En 1956 ingresó como Auxiliar, siendo destinada a Huelva y, casi inmediatamente, trasladada a Madrid, donde prestó servicio en la Sala de Aparatos y en la Sección de Adquisiciones de la Dirección General.
En 1960 se casó, tuvo seis hijos y pidió la excedencia mientras sus hijos eran pequeños. Reingresó en 1973, volviendo a la Sala de Aparatos y pasando después, de nuevo, a la Dirección General.
Su afición al dibujo y a la pintura fue, sin duda, inducida por su hermano mayor, pintor consagrado, que la llevó a las clases de dibujo de la Academia de San Fernando. Sin embargo, circunstancias familiares impidieron que pudiera seguir aquellas clases.
No volvió a enfrentarse a un caballete hasta que, en 1998, se jubiló. Retomó con muchas ganas su antigua afición y, de nuevo animada por su hermano, se apuntó a cursos de pintura y se dedicó a ellos con entusiasmo.
